Reflexiones sobre la caza, por Rafael Rodríguez

Reflexiones sobre la caza, por Rafael Rodríguez

En estos días en que ha comenzado la temporada general de caza, me gustaría hacer unas reflexiones sobre este deporte.

Yo sé que en los tiempos actuales, el cazador no está bien visto, no tiene buena prensa. Se le considera como un violento, un depredador que busca el exterminio de los animales. Nada más alejado de la realidad. El auténtico cazador deportivo, no el furtivo, es una persona amante de la naturaleza y de los animales que en ella viven. Y es un cumplidor estricto de las normas de veda que hemos de cumplir para que los animales se reproduzcan y nos sigan proporcionando momentos de enorme satisfacción.

La mayoría de las personas no comprenden qué motivo nos mueve y nos obliga para que, con cerca de setenta años, nos levantemos una mañana helada a las seis o las siete de la madrugada y nos vayamos de cacería al campo. Evidentemente, los que así opinan no han llegado a conocer la atracción que sobre nosotros ejerce esta actividad que se pierde en la noche de los tiempos. La caza es la primera actividad que hizo el hombre sobre la tierra. Es una afición que se lleva en la masa de la sangre.

Y, cuando con toda la ilusión del mundo, preparamos la noche anterior la ropa y las botas que nos vamos a poner por la mañana, no estamos pensando en las piezas que vamos a matar ese día, sino en los lances que vamos a disfrutar en la jornada, porque, como dijo el recordado Miguel Delibes, “Un par de perdices difíciles justifican la excursión; seis a huevo, no”.

Otro de los motivos que nos mueve a salir de cacería es, como ya dije en un artículo anterior, el amor sincero que los cazadores le tenemos a la naturaleza y que, en más de una ocasión, utilizamos la afición deportiva como un pretexto para ocultar ese amor al campo.

Respetamos todas las otras aficiones que los demás tienen y lo único que pedimos es que respeten la nuestra, la del auténtico cazador deportivo, para que podamos seguir disfrutando –mientras Dios lo permita– de esos buenos ratos de aire puro, de ejercicio físico y de compañerismo y camaradería que nos regala la caza.

Rafael Rodríguez