Hay mujeres… por Nati Graciano

Hay mujeres… por Nati Graciano

Hay mujeres que hemos decidido libremente no tener hijos, no ser madres, como hemos decidido estudiar una carrera, vivir en pareja, casarnos, implicarnos en una causa social, tener animales en casa… y un montón de cosas más. Así de simple, ¿verdad?. Bien, pues hay quien no considera que sea así de simple, sino que opina que una mujer que no es madre, no es nada, es más, es digna de lástima o una egoísta que antepone su bienestar y comodidad a la “sublime experiencia de la maternidad”.

Hace unos días inundaban las redes sociales comentarios despectivos y prejuiciosos en respuesta a un tweet de la periodista Samantha Villar, que afirmaba  “tener hijos es perder calidad de vida. No soy más feliz que antes”. Este comentario ha dado lugar a una agria polémica y a duras críticas hacia la periodista a la que se tacha de no estar preparada mentalmente para ser madre, de egoísta, digna de pena, con sentimientos y pensamientos oscuros, que no quiere a sus hijos…y un sinfín de barbaridades y de juicios sin sentido. La periodista, cómo no, se ha visto obligada a responder.

Algo similar ocurrió con la publicación del polémico libro de la socióloga israelí Orna Donath, Madres Arrepentidas,  por el que se hizo acreedora de graves acusaciones e insultos despiadados.

Estos hechos me han llevado a preguntarme, ¿por qué ocurre esto?, ¿por qué despierta tanta violencia verbal y tan airadas críticas este tipo de comentarios y afirmaciones?. ¿No será que en el fondo no es más que otra forma de “machismo”, que curiosamente proviene de otras mujeres,? (son ellas las primeras en lanzar los dardos). Sin duda, a un hombre nunca se le calificaría de vacío, desnaturalizado o egoísta por no querer tener hijos o arrepentirse de haberlos tenido. Y no es cierto que las mujeres estén mejor preparadas para cuidar, ya sea a los hijos o a personas mayores; esta es una cuestión política y social.

Para la mujer, la presión social para tener hijos es enorme. Se nos marca el camino, a pesar de que se supone que decidimos ser madres libremente. A las mujeres se nos exige continuamente que justifiquemos y le busquemos sentido a nuestra existencia, porque una mujer sin hijos no es nada, está vacía, su vida no tiene sentido, no vale nada, es una mujer a medias, antinatural, sin sentimientos, una hereje de la religión de la maternidad que no se realiza si no trae una criatura al mundo. Y una vez que somos madres, sacrificio, resignación. No cabe el arrepentimiento. Aunque aquellas que, en algún momento de sus vidas puedan haberse arrepentido de tener hijos, repitan hasta la saciedad que los quieren y que  morirían por ellos.

Las mujeres somos biológicamente iguales, pero somos distintas. Unas quieren ser madres y otras no queremos, y eso hay que respetarlo. Queremos libertad para reconocer nuestras emociones y sentimientos y expresarlos. A todas las mujeres no les vale la idea de la maternidad como realización personal y acto de generosidad y amor. La vida puede ser buena y feliz tanto con hijos como sin ellos; e igualmente puede ser difícil e infeliz tanto con hijos como sin ellos.

Hay mujeres que quieren ser madres y lo disfrutan, pero también hay mujeres que no quieren ser madres, lo deciden libremente y también disfrutan de su vida. Y eso es lo verdaderamente importante: LIBERTAD PARA DECIDIR.