Los hermanos Carvajal (II parte), por Regeneración74

Los hermanos Carvajal (II parte), por Regeneración74

Aunque algo inquieta a los casaricheños, corre el rumor de que las almas de los hermanos fallecidos en el trágico accidente deambulan por el pueblo. El vecino Juan de Sojo denuncia ante la Santa Inquisición de que en las noches previas a la onomástica de Santa Bárbara, no se sabe si espíritu o persona de mal, invocaba a los cermeños frente a la Parroquia y, como niebla que se va, desaparece.

Se manda vigilar tanto el exterior como el interior de la Parroquia, y como nada extraño se observa, sacan la conclusión de que las visiones de Juan de Sojo podrían deberse a estados febriles. O en todo caso, dice el Santo Oficio, que raro es el pueblo que no tiene entre sus habitantes a un vecino capaz de quitar el mal de ojo y que para ello invoque al Cermeño, o demonio familiar. Y que si no ha ocurrido desgracia tras la supuesta visión, no se puede acusar a nadie, a diferencia de lo ocurrido con el Grupo de las Montillanas o “Las Camachas”. Así pues nada ha de temer Juan de Sojo y demás vecinos del lugar.

Pasan los años, y éstos hechos, aparentemente, dejan de ser comentados entre los moradores de Casariche.

En la Onomástica de Santos Dionisio del año de Cristo 1680, el terremoto de Málaga se hace sentir en Casariche, así como en Córdoba, derribando los arcos de su Catedral. En Madrid tocaron solas las Campanas del Real Convento de Ntra. Sra. De Atocha.

 

“Duró el espacio de un Credo rezado lentamente, porque aunque ay quien quiera que fuese mas la turbación disculpa el herror …”

“para que dispertemos del profundo letargo en que estavamos envejecidos, aviendonos llamado en espacio de tres años, con las aldavadas de una hambre, la más superflua que se ha visto en este Reyno; de una peste tan dilatada, como activa; de un diluvio proximo de 15 dias tan excesivo, y de tan horribles tempestades, y espantosos truenos, y rayos, y finalmente la de un temblor de tierra tan grande como pavoroso…”

Se produjo a las 7:15 de la mañana, “…huyendo la gente de sus casas, sin aver padre para hijo, ni marido para mujer; unos desnudos y muchos en carnes, cada uno como se hallaba…”

 Por suerte, al parecer, en Casariche no hubo que lamentar daños de ningún tipo.