Las paridas de un polaco, por Arroyo Romero

Las paridas de un polaco, por Arroyo Romero

Se llama Janusz Riszard Korwin-Mikke. (¡Que tiene cataplines el nombrecito!) Es un eurodiputado polaco, setentón, matemático, filósofo, sociólogo Hasta aquí, todo magnífico. Pero ahora vienen los aspectos negativos que hacen temblar a cualquier mortal: el individuo es ultraderechista, hitleriano, misógino, sexista, racista… O sea, un cabr… ¡uy, lo que iba a escribir! Rectifico por elegancia periodística, quiero decir que es un “perla” de mucho cuidado.

Su trayectoria es bien conocida por la Eurocámara, ya que las intervenciones como eurodiputado han sido un verdadero cúmulo de espropósitos ofensivos que indignan y encienden a cualquier persona de bien. ¿Quieren ustedes algunos ejemplos de sus paridas?
Pues ahí van:
a) Sobre los refugiados: “Es una política ridícula que provoca que Europa termine
inundada con basura humana”.
b) Defiende a Hitler: “Adolf Hitler no era consciente del exterminio de los judíos, ya
que eso fue organizado por Heinrich Himmler. Si Hitler fuese juzgado hoy, sería absuelto”. En 2015 hizo el saludo nazi durante una intervención parlamentaria. Y miren qué blandita fue la Eurocámara al imponerle sanción: solamente una multa de 3.060€ y privación de actividad parlamentaria durante 10 días.
c) Su sexismo llega hasta este extremo: “El semen de un hombre puede determinar la forma de pensar de las mujeres con las que se acuesta”. “Las mujeres mienten cuando dicen no querer tener relaciones íntimas con un hombre”.
d) Otras opiniones misóginas: “Las mujeres están menos versadas en política que los hombres. Por eso es cuestionable su derecho a voto”. “Las mujeres deben ganar menos que los hombres porque son más débiles, más pequeñas y menos inteligentes”. “Estar en contra de la dominación de las mujeres es como desafiar el papel dirigente de la clase obrera en una comuna. ¡Pero hay que hacerlo!”.
Mire usted, don Janusz, yo llevo 25 años compartiendo vida, venturas y desventuras junto a una mujer que no se ajusta en absoluto a la opinión que Vd. tiene de ellas. Esa mujer me da veinte mil vueltas. Es valiente, más alta que yo, con una formación impresionante (dos
carreras y varios másters) muy inteligente y su brillantez es algo que me produce gran orgullo. Pero aunque ella fuese pequeña, débil y torpe, seguro que, al igual que cualquier otra persona de bien (hombre o mujer), por su grandeza moral y su calidad humana lo deja a usted y a los de su calaña a la altura de un trapo sucio. Y no le digo más por no perder mi tiempo en indeseables. Así que, ¡jubílese, hombre, jubílese, “achante la mui” y deje de vomitar estupideces, que ya está bien de irracionalidades cauconas! Usted, a casita o al cubo de reciclar que corresponda, que en el Parlamento Europeo no representa a nadie. Vamos, digo yo…