Las ánimas benditas, por José Herrera Rodas

Las ánimas benditas, por José Herrera Rodas

He esperado con impaciencia la aparición de la segunda parte del escrito sobre los hermanos  Carvajal, que elogio con sinceridad porque me parece oportuno, documentado, interesante. Pensé que versaría sobre las relaciones de los habitantes de Casariche con su señor, el Marqués de Estepa, que no fueron siempre del todo cordiales, ya que algunos paisanos nuestros se negaron, entre otras cosas, a pagarle “una gallina” cada año como renta por sus tierras, y los que  la pagaban lo hacían con  la peor del gallinero. En un documento, creo que despectivamente, lo  citan como El Marqués del Cerro, marquesado que nunca ha existido. Ya hablaremos de esto en otra ocasión. El tema que el autor, Regeneración74, ha escogido para  la segunda parte no es, repito, menos interesante y oportuno que la del primero, porque, aparte de que  nos ilustra de  unas creencias sobre la ultratumba,  que aún persisten,  nos da pie para hacer algunas reflexiones sobre las mismas.

 

La Iglesia católica ha enseñado la dualidad  alma-cuerpo como esencia de toda persona. Y ha añadido que la muerte es la separación del alma y del cuerpo,  y  que, mientras éste se deshace (polvo eres y en polvo te convertirás), el alma, buscando su postrimería, vuela al Infierno, al Cielo o al Purgatorio. Al  Purgatorio  si el difunto  tiene  penas que “purgar”, para, una vez purificado, entrar en el cielo. Y añade que los que aún estamos en esta vida podemos y tenemos la obligación de ayudar a los difuntos a salir del purgatorio con oraciones, limosnas, misas, etc. (De esto pienso hablar en un próximo artículo relacionándolo con el nombre de algunas fincas de Casariche: Fuente de la Virgen, Haza de Dios, Huerta de las Ánimas,  “Estacá”  las Monjas…)

 

No es, pues, extraño que estas   creencias  aseguren que el alma del difunto, una vez salida del cuerpo, vague y se aparezca a los vivos para pedirles la ayuda que necesita o para vengarse de algo que en vida quedó pendiente. Había un sentimiento de miedo a estas almas, miedo curiosamente mezclado con otro de veneración. El sentimiento de miedo inspiró la construcción de pequeñas  ermitas o capillas a ellos dedicadas, situadas a la entrada y/o a la salida de los pueblos, para que no tuvieran que deambular por las calles. Existen en todas partes, y de un modo especial en las provincias de Granada y de Almería. Para facilitarles su localización tenían una luz encendida toda la noche. El de veneración, al considerarlas como favorecedoras de quienes les  ofrezcan oraciones o sacrificios. Este sentimiento ha llegado hasta nosotros.  Será raro encontrar un pueblo donde no esté constituidala Hermandadde las Ánimas. En Casariche la hubo en el pasado. Recuerdo que en mis tiempos de estudiante  era frecuente que mis compañeros y yo, al acostarnos, rezáramos a las Ánimas del Purgatorio para que nos despertaran a determinada hora. ¡¡Y nos despertábamos!!  Pero, indudablemente, no por las Ánimas, sino por nuestro subconsciente.

 

Esto ha sido así, y más, a medida que nos alejamos en el tiempo. En este sentido se explica perfectamente el contenido de la segunda parte del artículo de Regeneración74 . Y la intervención de la Inquisición. Basta leer, por ejemplo, a Bécquer (Maese Pérez el Organista, El Monte de las Ánimas, etc.). Fiestas como Halloween, Todos los Santos, Día de los Difuntos no son más que “ variaciones sobre el mismo tema”. Y no por eso pierde interés el magnífico trabajo que nos ocupa. Yo  vuelvo a felicitar a su autor y, dada la proximidad de las fiestas aludidas,  aprovecho su escrito  para justificar éste y el que anteriormente he anunciado.

 

                                                                                                    José Herrera Rodas