La realidad que queremos creer, por David Wenceslao

La realidad que queremos creer, por David Wenceslao

Quisiera partir de la defensa de las posibilidades que las redes sociales están añadiendo a la comunicación de las personas, y ni que decir tiene, los beneficios mucho menos cuestionables en cuestión empresarial y de marketing. Tendremos ocasión de argumentar por aquí para derribar algunos mitos que van surgiendo y no son sino miedos y prejuicios ante lo desconocido.

Hoy pretendía analizar la tendencia de cierto sector de la ciudadanía a anclarse en su postura cual anciano que confunde firmeza con tozudez. La motivación por la que escribo es la de un utópico llamamiento a la apertura en todos los frentes, porque este inmovilismo a veces disimulado, parece uno de los males que azota transversalmente la sociedad en que vivimos. Parecemos seguir a aquellos líderes, políticos o periodistas por el reconforte que supone escuchar lo que queremos, justo eso, matizando a nuestro favor algún aspecto que adolece de tibieza. Nos seguimos retroalimentando de las proclamas nuestras puestas en boca de otro, nos permitimos poco margen en la emisora de radio, o huimos de los medios que creemos politizados y confiamos ciegamente en el blog de nuestro oráculo particular, nuestro icono definitivo, rendimos pleitesía por su experiencia, por su inteligencia, por su intachable honestidad, porque estamos convencidos que su verdad es la única existente, reclamamos al universo que queda al margen que de una vez se transforme en su inercia y advierta la realidad como nosotros la entendemos.

Las redes sociales no enfatizan esto por su naturaleza, pero quizás den pie a la polarización, aunque no por el anonimato, ya que hay que identificarse en ellas. Yo diría que en parte, porque insistimos ciegamente en la conexión con nuestro profeta personal y en parte por la certeza de que nuestra relación sólo será online y esa distancia da alas a los que de forma cobarde, sin argumento, se lanzan al insulto y al menosprecio.

Trato de hacer ver la necesidad de escuchar la realidad que nos cuentan desde el canal que nos molesta, configurarnos en “perfil incómodo”, no hacer “unfollow” a las primeras de cambio (¡qué tentación! ¿verdad?), seguir a ese antagonista de nuestro cuento, rebatirle si es posible, no es cuestión de querer conocer al enemigo para ganar ventaja en la batalla, es porque tal vez, el supuesto contrincante esté más cerca de nosotros que el amigo que asiente, es porque necesitamos replantearnos la realidad y dudar, porque vistos los intereses en que conviven medios y personas, el prisma se complica, aparecen nuevas aristas. No nos hagamos los tolerantes pidiendo a los políticos puntos de encuentro si luego no hay quien zarandee nuestra conciencia, por miedo, por cerrazón, por aparentar principios más firmes. Seremos más tolerantes si comprendemos como piensa el que piensa diferente.

 

@davidwences