La Feria de Casariche a principios del año 2000

La Feria de Casariche a principios del año 2000

Un amigo me pidió que escribiera sobre la Feria de Santiago, pero de hace unos años. Y eso me ha llevado a pensar en todos los cambios que he ido sufriendo nuestra feria y cómo hemos cambiado todos sus protagonistas.

Estamos hablando de hace, relativamente, muy poco tiempo, pero son muchas las transformaciones que las fiestas en honor a Santiago han ido asimilando.

Y no estoy hablando de los años setenta, sino de la década de los noventa y de principios de los dos mil.

El recinto ferial se situaba en lo que hoy es la calle Cristo de los Obreros, al comienzo de la misma encontrábamos todas las atracciones de feria y la gran marabunta de niños y niñas con sus padres.

Hacia mitad de la calle se situaban las casetas particulares a un lado y otro de la carretera y todo el reguero de gente íbamos a desembocar a la Caseta Municipal, que no era otra que el Pabellón Municipal.

Pero la Feria no se limitaba a esta calle; sino que desde el comienzo de la Avda. La Libertad, ahora peatonal pero antes no, se cerraba el paso al tráfico y desde ahí comenzaban las casetas de turrón, las chocolaterías y una gran tómbola que con sus “perritos piloto” te invitaban a adentrarte en el bullicio.

Todos los bares de la calle y algunos que se instalaban para la ocasión, como las pollerías, estaban a rebosar de gente, prácticamente todo el pueblo acudíamos a la celebración de nuestra Feria de Santiago.

Los jóvenes de esa época estábamos ansiosos del comienzo de la misma, y el día más esperado era la noche del Pescaíto. Era una noche joven, que tendría su culminación en la mañana del día siguiente en la Diana.

Hoy en día, esa noche, sólo te lleva a pensar en la botellota, ¿verdad?, pues para aquellos que no lo conocieron, o bien, que eran demasiado jóvenes para vivirla así, explicaré en qué consistía.

Por supuesto que había botellota, la hacíamos entre el “parque de la piscina” y el puente de “Las Viñuelas”. Pero cuando llegaba la hora del concierto, la gran mayoría nos acercábamos al patio del Colegio Lope de Vega, que era donde se celebraba.

Cada año disfrutábamos con un concierto y tras el mismo, todos a la discoteca. Era la noche más joven de toda la Feria.

 

Después del botellón y del concierto, “Fiesta de la espuma”. Allí terminábamos la noche y entre espuma y amigos, llegaba la Diana. Todos y todas esperábamos en la Plaza del Ayuntamiento para empezar el pasacalles y entonar mil veces  “Paquito, el Chocolatero”.

 

¡Qué tiempos aquellos!. Pensar en todos los cambios y metamorfosis no sólo de la Feria, sino de sus protagonistas, me ponen melancólica.

Gracias por invitarme a recordar este pasado no muy lejano.

Mª Carmen Bastos Carnerero.