La concordia fue posible, por Rafael Rodríguez

La concordia fue posible, por Rafael Rodríguez

Con motivo de la muerte del ex-Presidente Adolfo Suárez y del epitafio tan acertado que se ha colocado en su tumba -LA CONCORDIA FUE POSIBLE-,  me permito hacer unas reflexiones sobre ello. Mi primer contacto con la UCD (Unión del Centro Democrático), el partido que fundó Suárez, se remonta a poco antes de las elecciones generales del 15 de Junio de 1977. Haciendo campaña electoral, llegaron a Casariche dos componentes del mismo, los dos eran catedráticos de Universidad: Antonio Fontán Pérez -que luego sería Presidente del Senado- y Jaime García Añoveros -que fue Ministro de Hacienda-. Con el ansia de información política que teníamos en ese tiempo, no quisimos perdernos dicho mitin en el cine de Rafael El Moro. Como había tan poca gente, aquello fue más bien una reunión de amigos porque la gente, en esas fechas, no quería complicarse la vida. Los pocos que entramos notamos la presión y la vigilancia de los demás partidos políticos que observaban en la puerta. Para colmo, llegaron de la provincia de Granada unos individuos de Fuerza Nueva que, nada más empezar el acto, empezaron a preguntar sobre el divorcio y otras leyes progresistas que UCD tenía intención de aprobar. union centro democratico Los dos oradores se dieron cuenta del cariz que tomaba aquello y nos propusieron irnos a un bar a tomar algo y poder charlar tranquilos sin el acoso de los “ultras” cuya intención era reventar el acto. Así lo hicimos y, ya en plan más relajado y tranquilo, nos confesaron que el objetivo de todos los que militaban en UCD era ocupar el espacio entre las dos fuerzas antagónicas (Alianza Popular y Fuerza Nueva por un lado, y Partido Comunista y PSOE por otro); que sabían que serían criticados y calumniados por ambos bandos, que un grupo los tildaría de “fachas” y el otro grupo de “rojos”,  pero que no tenían más remedio que aguantar en medio como “cristos” para evitar el enfrentamiento entre los dos extremos. En definitiva, eran conscientes de que su misión sería sacrificarse e inmolarse para que hubiera paz. Me he alegrado mucho de que, con las muestras de cariño hacia Adolfo Suárez el día de su entierro, se haya reconocido el sacrificio tan grande que él y su partido hicieron a España. Y considero acertadísimo el epitafio que figura en su tumba en la catedral de Ávila. Siendo, como creo que soy, partidario de la concordia no me gusta nada el ambiente de enfrentamiento que se ha propiciado en los últimos años,  despreciando el llamado “espíritu de la transición” que fue el verdadero éxito de UCD y de todos los partidos que contribuyeron a conseguirlo. Y pensando en Casariche y comparándolo con otros pueblos cercanos, siempre me he sentido satisfecho del ambiente político que hemos vivido. Después de una guerra civil, las posturas son muy difíciles de acercar porque, con la victoria y la derrota, nunca llega la paz y siempre hay personas aprovechadas, pero, en mi caso,  siempre me llamó la atención que, por ejemplo, mi maestro y el de mi hermano fuese un maestro republicano, a pesar de que mi padre había luchado con los nacionales. Y veía normal que  tratase amigablemente y con todo respeto con personas que habían luchado en el otro bando, como D. Armando Ortiz, Juanito Torres, Pepe El Ocho, Santiago Hortigosa o Mateo El Limpiabotas. d armando en el 52

Clase de D. Armando en 1952

Incluso conozco el caso de un dirigente izquierdista de Casariche que, después de la guerra civil, se colocó en una Caja de Ahorros y sus hijos hicieron muy buenas carreras sin ningún problema. En otros pueblos vecinos, estos casos serían impensables. Por eso, me siento muy orgulloso de que, en una de las calles de mi pueblo, figure el nombre de mi Maestro D. Armando Ortiz Bautista que, en mi opinión, ha sido el mejor Maestro que ha ejercido en Casariche.

 calle armando