Fenómeno social opaco, por Fco J Gómez Parrado

Fenómeno social opaco, por Fco J Gómez Parrado
  • Un nuevo día despierta, el sol brilla de manera pronunciada y abunda el tráfico rodado
    en nuestras carreteras. En el hogar de una familia humilde, la madre, pilar fundamental
    para que el desarrollo de nuestra estancia vital cumpla con los propósitos establecidos,
    se dispone a entrar en una de las habitaciones para desadormecer a su hijo. Éste acude a
    la cocina para llevarse algo a la boca y comenzar el día con motivación y fortaleza. Tras
    despedirse de su madre con un cariñoso beso en la mejilla, inicia el camino que le
    llevará a su centro educativo.
    A medida que se va acercando al colegio, aumenta su temor, su espanto, su desánimo.
    Se pregunta de manera reiterada si el día estará protagonizado por la levedad de sus
    horas o, por el contrario, recibirá agresiones verbales y físicas como viene siendo
    habitual. La historia se repite y de nuevo, vuelve a ser víctima de acoso escolar o de
    bullying como se le conoce en la actualidad. Debido a las amenazas que recibe por parte
    del grupo provocador, mantiene su sufrimiento en silencio. Intenta evitar la ayuda
    psicológica y el respaldo de sus seres queridos. Por desgracia, el hostigamiento se ha
    vuelto insoportable y decide tomar la salida más correcta para él y a la vez, más errónea
    para su vida, el suicidio.
    Muchos de ustedes pensarán que escribir acerca del bullying es recurrir a lo fácil, a lo
    moderno y actual. Los casos de acoso escolar se han disparado en los últimos tiempos y
    los medios de comunicación se han hecho eco de ello publicando numerosos artículos
    de opinión que sirven para rellenar espacios en blanco. Desde mi punto de vista, la
    intimidación siempre ha estado latente en la sociedad, acrecentando los contravalores
    que tanto imperan en el presente. Contravalores que para nada benefician a la
    colectividad.
    Los centros de enseñanza públicos y privados deberían incidir más en la necesidad de
    acabar con este parásito social, inculcando valores positivos en las nuevas generaciones
    y llevando a cabo actividades que contribuyan con la familiarización. La timidez puede
    ser una de las causas de aislamiento, por tanto es necesario que el profesorado inicie
    técnicas de integración que eviten un posible caso de acoso escolar. Si queremos que
    nuestro futuro se vea empapado de bienestar social, acentuación de la economía y
    mejora de la calidad de vida es obligatorio incrementar el civismo en las personas.
    Hace escasas semanas, el curso escolar 2016-2017 llegó a su fin. Para alegría de los más
    pequeños, el verano vuelve a aparecer con fuerza y el agua resulta ser el juego que
    calma la sed provocada por el aburrimiento. El periodo vacacional debe proseguir con
    los trabajos de conciliación, de mirar con buenos ojos al que comparte chapuzones o
    ratos enriquecedores en la escuela de verano, ahora campamento urbano. Caemos en el
    error si pensamos que la erradicación de este “fenómeno social opaco” depende solo y
    exclusivamente del sector educativo. En este sentido, el papel de los progenitores es
    clave en la educación de sus sucesores. El afán de superioridad, el querer ser más que
    nadie, el desprenderse de un valor inherente e intrínseco como es el de la igualdad, son
    conceptos equívocos que debemos arrojar al vacío para que en un futuro podamos
    combatir con la desigualdad provocada por los ataques infantiles.

    De nuevo, mi conciencia vuelve a tocarme para señalar que muchos de los lectores de
    nuestro periódico digital pensarán que todo lo que escribo lo difundo desde el
    desconocimiento. El desconocimiento que impera en mi ser debido a mi corta edad, a mi
    inexistente experiencia como figura parental. Quizás peco de conocedor de la materia al
    escribir estas líneas tan críticas, tan defensoras del extracto de la población más
    vulnerable. Aún así, quería trasladar mis pensamientos a la ciudadanía para que juntos,
    podamos nivelar la estructura de un mundo carbonizado. Si logramos dejar a un lado las
    amenazas en las aulas, la burla constante y agresiva o la violencia al salir del colegio,
    haremos germinar la esperanza en una sociedad que camina desunida hacía el abismo
    más atronador.