El ingenio de José «el de La Puebla», por Rafael Rodríguez

El ingenio de José «el de La Puebla», por Rafael Rodríguez

En un anterior artículo hice mención a que José “el de La Puebla” era una de las personas más graciosas e ingeniosas de Casariche. Hoy quiero documentar esa afirmación ilustrándola con varias anécdotas que recordarán las personas de mi edad y que creo que gustarán a los jóvenes que estén interesados en conocer a los personajes curiosos de nuestro pueblo.

José “el de La Puebla” estaba colocado en la piscina municipal y, al mismo tiempo, era el cocinero del comandante D. Rafael Martínez, el que construyó la piscina municipal, y un día que el comandante le estaba regañando, ni corto ni perezoso, José le contestó: ”Comandante, a mí poquitas voces: que tú eres de infantería y yo soy de la marina”

 

 

Otro día que el comandante le estaba haciendo una relación con las clases de tortillas que José tenía que cocinarle durante la semana, que si tortilla de jaramagos, que si tortilla de tagarninas, que si tortilla de espárragos,  que si tortilla de cerrajas, José le espetó: “Mira, Rafael, yo he “pensao” que lo mejor es que te ponga un cencerro al cuello y tú comes lo que quieras”

 

Precisamente en la piscina le ocurrió la siguiente anécdota: Llegó a bañarse un viajante de los muchos que llegaban al pueblo y le dijo a José: “Me han dicho que el agua de la piscina es muy buena para abrir las ganas de comer. ¿Es eso verdad?”. José, que en aquellos años de posguerra -como muchos del pueblo- no tenía en su casa mucho que comer, le contestó: “Fíjese usted si el agua es buena que, yo, nada más que con los salpicones, estoy todo el día “esmayao”

Siendo ya mayor, un vecino bienintencionado le aconsejó que su mujer y él se fuesen a Campillos a vivir a “la sombra” de uno de sus hijos. José, que lo que quería era seguir viviendo en su pueblo, le contestó: “¿Pero cómo me voy a ir a vivir a “la sombra” de mi hijo… si es Jefe de Estación y trabaja de noche?

 

En cierta ocasión, José no tenía dinero para pagar una letra de cambio y procuraba no tropezarse con Arsenio, que era el corresponsal del banco. Un día que ya no pudo evitarlo, empezó a decirle que tenía un hijo enfermo, que su mujer estaba “estropeá”, con la esperanza que el otro no le sacara la conversación de la letra que tenía que pagarle. Viendo que el corresponsal, a pesar de todo, le quería cobrar la deuda, José le dijo: “Pero, bueno, Arsenio, entonces no estás en la conversación”

 

La última anécdota se refiere a uno de esos días desapacibles del enero casaricheño, que uno no sabe dónde meterse para quitarse el frío. José, temblando, le dice a su mujer: “Mira, he “pensao” que me voy a acostar y  no quiero que me llames hasta que no veas pasar un chiquillo con una “brazá” de amapolas. O sea, que pensaba estar en la cama hasta el día de san Marcos.

 

 

 

                                                                           Rafael Rodríguez Graciano

 

Nota: Las fotos están sacadas de un cuadro al óleo que representa al Comandante Martínez contemplando desde lejos la piscina de Casariche, su única pasión.