El final del aislamiento, por @davidwences

El final del aislamiento, por @davidwences

Hace tiempo que se atisba un debate interesante por la transformación en la manera en que seguimos los medios a raíz de la explosión de las redes sociales virtuales, y en definitiva hasta dónde podremos llegar en esta nueva sociedad que vislumbramos. Conviene recordar previamente en qué consistía hasta ahora, la duda ideológica sobre el papel de los medios tradicionales.

Hay quien advierte, (se comentaba en el artículo de Casariyque sobre si estamos manipulados) que la telebasura es una herramienta más del poder para controlar y en cierta medida idiotizar a la ciudadanía. Hay quien en este sentido va incluso más allá y añade que los grandes medios consiguen aislar a la persona y por tanto favorecer el consumo. Existen estudios que van en esa línea, aislar a las personas provoca que tiendan al consumismo, buscando cierto desahogo, llenar cierto vacío que encuentran en lo social. Da para extensas teorías, pero parece evidente que el capitalismo necesita del consumo quizás incluso irracional para subsistir.

Existe quién, si bien va en esta línea, se decanta por un aspecto más moderado, y ve el aislamiento como un daño colateral no intencionado.  En determinado momento, en los años de eclosión de los mass media se tenía que filtrar y guiar al ciudadano, la información tenía que trasladarse de forma jerárquica. De alguna manera se necesitaban expertos en el tratamiento de la información para que al ciudadano le llegara, un poco masticada, pero en buen estado.

Por otro lado, hay expertos, quizás más en el campo de la sociología, que indican que ha sido la ciudad, por su propia idiosincrasia, la que ha dirigido a las personas hacia la disminución paulatina del contacto social, en parte, por enfocar quizás un poco erróneamente la privacidad. En ese camino de aislamiento, se encontraron la televisión y mediante ciertos espacios han llenado su propio vacío. Es decir, se interesaban en la vida del personaje de turno, porque ya no tenían confianza con su vecino. Aquí encontramos una falta de sinceridad en muchos que se prestan a la típica encuesta, no es cierto que no te interese la vida del vecino, es que ya has llenado tu interés con el famoso del papel cuché.

Podríamos sintetizar nuestra particular paradoja del huevo y la gallina en lo siguiente: ¿nos aislábamos por nosotros mismos y encontramos en la tv el sustituto ideal o la tv fue un medio para “imponernos” ese aislamiento?

Lo que está claro, es que las redes sociales están haciendo saltar por los aires el debate. Estamos cada vez más conectados, cada vez con más gente y además las conexiones no son sólo reales, sino que, aunque a algunos les parezcan peores, no tienen por qué, simplemente son diferentes. Más allá de las herramientas, nuestro “yo” social vuelve a la palestra, y éste, no es más que una parte de nuestra naturaleza y por tanto ninguna moda pasajera. Aparecen nuevos y apasionantes interrogantes en el horizonte: ¿Serán capaces las organizaciones/instituciones de atender esa necesidad de conexión, de participación? ¿Qué podemos hacer, cómo debemos educar para que esa participación tenga realmente poder?

 

@davidwences