Aquellas maravillosas juntas, por @davidwences

Aquellas maravillosas juntas, por @davidwences

Seguramente ya desde el título amenace con exceso de nostalgia en mi relato, demasiado edulcorante parece augurar, espero al menos que destile todo lo sincero que pretendo.

Sería cualquier día del puente de la Inmaculada, (ya sé que otros mucho antes) pasábamos a llenar de bolsas negras las paredes, ritual este al que nunca terminé de darle explicación. Probablemente al principio fue más una cuestión de convertir el local en algo “más de noche”, “más de adulto” cuando tú no lo eras, y luego se hace costumbre sin más.

Para los padres era el sitio más seguro donde dejarte pasar las noches frías de invierno (¿lo era?) porque al menos no estabas a la intemperie. Ellos pasaron por alguna y entendían con más o menos reticencias la normalidad de ese período.

La junta era el punto de reunión, siempre un punto de partida, lugar de encuentro por excelencia, como pocos en su significado más íntegro, cuando no asomaba whatsapp ni móviles.

En noches como aquellas, más o menos largas, o te hacías más amigo del que eras, o descubrías del que quizás nunca lo fueras. Momentos de exaltación de la amistad, de lo social, que tendía al infinito, porque esta noche estábamos en la mi junta y mañana en la tuya, o a saber las que se andaban cada noche.

La bebida de todo tipo, era relativamente barata y las rondas invitadas eran de agrado sabiéndose compensadas cuando toque.

La noche da pie al encuentro con casi todo, lo más y menos oscuro,  pero puestos a elegir, prefiero encontrármelo entre amigos. Más allá de juzgar a éste o aquel, lo bueno o lo malo, son momentos de decidir quién quieres ser, y los amigos de verdad, respetan tu camino.

Perseguir un gesto de una niña que aventuraba algo más (o que a ti te pareció que aventuraba) y acabar en un brasero de otra mesa muy extraña. Resguardarte para huir del frío en chimeneas y ambientes más ajenos todavía. Mucha gente, muy variada, con más o menos puntos comunes, con más o menos aspectos insalvables, la vida…

Aunque vimos aparecer móviles y toques, todo empezó y transcurrió sin nada como el whatsapp.

Me cuentan que cada vez hay menos, porque los jóvenes destrozan demasiado, porque a los que piden alquiler es mal momento para que les aparezcan candidatos. No conozco exactamente las razones.

Sé que aun siendo un apasionado de las nuevas tecnologías y los nuevos contactos sociales que nos traen, como no creo en el carácter excluyente de casi nada, me encantaría que mi hijo viviera aquel universo mágico de luces tenues.

@davidwences