El amor de tu vida por Mª Carmen Bastos

El amor de tu vida por Mª Carmen Bastos

Es un tópito decir que el verdadero amor, el amor más puro lo conoces o lo sientes, cuando eres madre o padre.

Un tópico que muchos de nosotros podemos corroborar.

Es algo muy frustrante cuando persigues un sueño, cuando añoras con todas tus fuerzas conseguir algo, cuando crees que no alcanzarás la meta, y no encuentras solución alguna a tus pesares.

Hay situaciones en las que por mucho que queramos no tenemos la capacidad de interceder, están fuera de nuestras capacidades o habilidades; por encima de la idiosincrasia del ser humano y sólo podemos tener fe y esperar una especie de milagro.

El mayor milagro de la vida es la vida en sí misma. La creación de la vida a través de pequeñas células, en el cuerpo de la mujer.

Un milagro en estado puro. Un milagro en equilibrio, equilibrio entre dos vidas, la de la madre y la del bebé.

Pero qué ocurre cuando no conseguimos alcanzarlo, cuando ese equilibrio falla y ves tus sueños y tus ansias frustradas.

Se siente un dolor infinitamente inmenso cuando crees haber creado ese vínculo, ese equilibrio, y por unas razones u otras se pierde.

Se desmorona tu vida, sientes cómo pierdes un trocito de ti cada vez que eso ocurre.

A veces, somos tan testarudos que, a pesar de poner en peligro nuestra propia vida, seguimos queriendo crear otro ser con su propia vida y sus propios sueños.

Y el milagro puede suceder, cuando menos lo esperas; a veces, ayudado por la ciencia, a veces, simplemente necesitaba un poco de tiempo, en otras ocasiones gracias a la generosidad de un desconocido y en otras, por varios de los motivos aquí mencionados.

A ello hay que sumarle la valentía de esas personas que son capaces de soportar técnicas agresivas, intrusiones en sus cuerpos y en sus almas, para conseguir convertirse en padres.

Son muchas las lágrimas derramadas por el camino, muchas las veces que te has derrumbado, muchos los trocitos que perdiste de tu vida, y muchos los sueños convertidos en las peores pesadillas.

Pero como bien dices, los sueños pueden alcanzarse, y tú ya alcanzaste el tuyo. Serás una madre magnífica, y tu hijo ya es afortunado por tenerte como madre.

Ambos ya conocéis al amor de vuestra vida, vuestro hijo, vuestro bien más preciado.

Y ahora tus miedos serán otros, pero siempre tendrás la suerte de poder mirar esos ojos, esa boquita y esa cara y dar las gracias al Universo.

Enhorabuena por no desfallecer en el intento y conseguir tu sueño.

 

Mari Carmen.