Acento Andaluz-salmantino !Y olé¡ por Arroyo romero

Desde que he comenzado a percibir olorcillo a Cuaresma y, por tanto, ya es más que palpable la proximidad de nuestra Semana Mayor, me he dicho que ese es el mejor tema para una colaboración en Teselas de Ventippo  por estas fechas.  Sí, ya huele a Primavera y eso quiere decir que ya empieza a  oler a Semana Santa.  Confieso que he tenido dudas sobre cómo plantear el tema. ¿Lo presento como tiempo de oración, ayuno y recogimiento o mejor hablo de un pueblo andaluz exultante de alegría, bullicioso y piropeador?  Intentando elegir entre una de esas opciones, en esto que viene el obispo de la Diócesis de Salamanca, D. Carlos López Hernández, y…¡me lo pone a huevo!

El Sr. López, nacido en el pueblo llamado Papatrigo  (Ávila), fue ordenado sacerdote en 1970 y posteriormente se licenció en Teología y alcanzó el doctorado en Derecho Canónico. Pero, vamos, lo que interesa ahora de este señor no es su titulación, sino la reprimenda que les ha soltado a los cofrades salmantinos a costa de “lo andaluz”.

El obispo de la Diócesis de Salamanca, D. Carlos López, ha manifestado su indignación  porque los jefes de paso (así llaman a los capataces) están adoptando una costumbre : “utilizan en los desfiles procesionales un marcado acento andaluz”. Les ha recriminado que hablen con normalidad todo el año”  y que el día de la salida procesional «se utilice un acento que nada tiene que ver con la ciudad en la que vivimos. Como no es el nuestro y  no estamos acostumbrados a ello, lógicamente suena incluso mal».  Ea, ahora resulta que nuestro andaluz resulta hiriente para los oídos del ilustre mitrado porque NO HABLAMOS CON NORMALIDAD. (Y escribo en mayúscula porque es para gritar).

Yo comprendo que el obispo se emberrinche al oír a sus castellano-leoneses utilizando un habla andaluza en las procesiones. Incluso puedo entender que se sulfure por el empleo de los cofrades salmantinos de expresiones tan nuestras como chicotá,  levantá,  ¡al Cielo con Ella!…  A fin de cuentas, yo también me cabreo con aquellos andaluces que, tras pasar un tiempo trabajando en Palma de Mallorca, Barcelona o Madrid, vienen hablando “fino”, soltando unas ces y unas eses tan rematadamente mal empleadas que ellos mismos se trabucan. Pero no se puede comparar a unos con otros…

Lo que no puedo comprender es que el mitrado papatriguense (no sé si es el gentilicio correcto) utilice juicios de valor tan negativos y carentes de fundamento, con visos de insulto y con tintes de poca elegancia y menor conocimiento de la lingüística andaluza. ¡Qué ataque más gratuito!, gritaría un famoso personaje de serie televisiva…

Los andaluces, así, de forma generalizada, no hablamos de forma anormal ni nuestro acento andaluz suena mal, simplemente hablamos andaluz, variedad oral (que no escrita) del español, reconocida por todos los lingüistas como el habla de mayor riqueza de todas las que evolucionaron del castellano. De todas formas, hay que reconocer que en todas las zonas de España se da la forma culta del lenguaje y la forma vulgar y de concordancias incorrectas….

Pero eso ya sería otra historia, una clase de lengua en la que ni los lectores ni yo vamos a perder el tiempo. El asunto es que el andaluz traspasa la barrera castellana por Semana Santa, poniendo pinceladas  de pasión andaluza en los vivas, piropos y terminología adoptada por los capataces salmantinos. Y yo digo que mientras procesionen a sus imágenes con mucho amor, profundo respeto y total entrega en su labor de guías para los que están bajo el paso, ¿qué más da el deje lingüístico que se utilice?  Todo lo demás son fanfurrios de “cuatro aburríos con sangre de horchata”, como se dice en mi pueblo de nacimiento.

Así que, hermanos cofrades salmantinos, vaya por vosotros esta interjección de origen árabe, muy utilizada por nosotros los andaluces para animar, aplaudir y jalear: ¡olé, olé y olé!

Le guste o no al señor mitrado.