A cierta Edad, Por Mª Carmen Bastos

A cierta Edad, Por Mª Carmen Bastos

Dicen que a cierta edad las mujeres nos volvemos invisibles, no ocurre lo mismo con los hombres, ellos más bien, no aprecian ese hecho.

Nuestro protagonismo en la escena de la vida pública declina, en favor de la privada, pienso yo, porque el gran peso de ésta última recae en mujeres no tan visibles a los ojos del que mira.

También dicen que nos volvemos inexistentes para un mundo en el que sólo prima el espíritu de los años jóvenes.

¡Ay! Si supieran lo valiosa que es la experiencia, quizás no darían tanta importancia a la juventud.

En fin, yo no sé si me habré vuelto invisible para el mundo, probablemente; pero nunca fui tan consciente de mi existencia, nunca me sentí tan protagonista en mi vida y nunca disfruté tanto de cada momento como ahora.

Descubrí que no soy una princesa de cuento de hadas, y sin embargo, soy capaz de crear una y mil hadas que hagan felices a mis princesas.

Descubrí al ser humano que sencillamente soy, con mis miserias y mis grandezas.

Descubrí que puedo permitirme el lujo de no ser perfecta, de estar llena de defectos, de tener debilidades, y ¿quién no las tiene?, de equivocarme y rectificar, de hacer cosas indebidas a los ojos del que mira, de no responder a las expectativas de los demás.

Y a pesar de ello, quererme y quererme mucho.

Cuando me miro al espejo ya no busco a la que fui, sonrío a la que soy ahora. Quizás con algunos kilos más, la marca de esas arrugas que te hacen única; todo ello cicatrices que han dejado en mi cuerpo cada batalla que he librado. Llorando en muchas y riendo en otras tantas.

Me alegro del camino andado y asumo todas mis contradicciones.

Siento que debo saludar a la joven que fui con cariño, pero no dejarla ser la protagonista del día de hoy. No todo aquello debe ser prioritario.

Ahora me alegro de haber conseguido vivir sin la obsesión por la perfección. De no sentir ese desasosiego permanente que produce correr tras los sueños.

La vida es tan corta y el oficio de vivirla es tan difícil que es mejor no obsesionarse en ello.

 

Mari Carmen